Ella no tenía nada que perder, frente a sus narices estaba el vacio, decidida arrojó un zapato desde la azotea. Él caminaba por la calle, cerca al edificio, derrepente, le cayó un zapato en la cabeza, adolorido miro hacia arriba, la vió a Ella, próxima arrojarse...
Se asusto, no deseaba que otra cosa callera del cielo, mucho menos una persona, encontro la puerta de la edificación y subio rápidamente hasta el piso 23. Las escalas eran cortas para su paso de atleta y pronto vislumbro la terraza.
La lamó, pero ella no le contestó, le habló nuevamente, como una madre a su hijo, tan sagaz la hizo dudar y finalmente la convenció. Bajarón juntos los escalones, ella lloraba y apretaba la mano del hombre, sus piernas aun le temblaban.
Él la invitó a un café, hablarón durante quince minutos, Ella se tranquilizó, lo observo con ojos distintos, intento besar al hombre sin prevenir consecuencia alguna.
Él la rechazó y salió corriendo de la cafetería, un susto mayor se apodero de su cuerpo, sus piernas respondierón inmediatamente, odiaba el amor, era un hombre solitario.
Ella lloró un rato, nadie advirtio su presencia, la ignoraron. Para la gente del lugar no era extraño su llanto, saben quienes y como entran las personas al café bar La 45, la vieron llorando cuando ingreso. evitaron preguntar por su nombre.
Salió de allí y corrió al viejo edificio, esta vez tomó el ascensor, estaba cansada, tenía prisa. Dirigió sus pies a la orilla de la azotea y dejo caer un zapato.
Se asusto, no deseaba que otra cosa callera del cielo, mucho menos una persona, encontro la puerta de la edificación y subio rápidamente hasta el piso 23. Las escalas eran cortas para su paso de atleta y pronto vislumbro la terraza.
La lamó, pero ella no le contestó, le habló nuevamente, como una madre a su hijo, tan sagaz la hizo dudar y finalmente la convenció. Bajarón juntos los escalones, ella lloraba y apretaba la mano del hombre, sus piernas aun le temblaban.
Él la invitó a un café, hablarón durante quince minutos, Ella se tranquilizó, lo observo con ojos distintos, intento besar al hombre sin prevenir consecuencia alguna.
Él la rechazó y salió corriendo de la cafetería, un susto mayor se apodero de su cuerpo, sus piernas respondierón inmediatamente, odiaba el amor, era un hombre solitario.
Ella lloró un rato, nadie advirtio su presencia, la ignoraron. Para la gente del lugar no era extraño su llanto, saben quienes y como entran las personas al café bar La 45, la vieron llorando cuando ingreso. evitaron preguntar por su nombre.
Salió de allí y corrió al viejo edificio, esta vez tomó el ascensor, estaba cansada, tenía prisa. Dirigió sus pies a la orilla de la azotea y dejo caer un zapato.
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