Aquel hombre enseñò a reìr a niños, adultos y alguno que otro animal. Entre Maquillaje, zapatos chillones, cabello ensortijado y nariz roja habìa logrado alimentar la alegrìa de muchos. Aplausos, risas y adulaciones alimentaron su ego. Pero nunca, aún en su trabajo bajo la carpa grande, consiguio engañar al hombre bala.
No hay comentarios:
Publicar un comentario